Cómo cultivar la aceptación desde el Mindfulness
Si sientes que tienes que hacerlo todo bien siempre, imagino que estás agotada. Te digo algo: nadie es perfecta.
Si eres de esas personas que se sienten obligadas a hacerlo siempre todo bien, imagino que estás agotada. Muy cansada, realmente.
Es increíble la cantidad de personas que llegan a consulta por este tema. Mujeres muy valiosas, capaces, independientes y que, sin embargo, cuando se equivocan se sienten lo peor del mundo.
Si te automachacas con exigencias y te enjuicias con dureza, es probable que tu valoración personal suba y baje como una montaña rusa. Te digo una cosa: nadie es perfecta.
Así que, antes de seguir leyendo, toma una respiración completa, inhalando y exhalando, y observa el estado de tu cuerpo y de tu mente en este instante. Regálate esa pausa.
Y ahora sí, vamos a ver juntas cómo puedes cultivar la aceptación desde una perspectiva de Atención Plena.
¿Qué es la aceptación?
Vamos a entender qué significa aceptar algo o a alguien desde el modelo de psicoterapia con el que trabajo, que es la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT).
Primero, dejemos claro que para construir un vínculo sano contigo misma es fundamental aceptarte tal y como eres, con tus fortalezas y con esas partes que no lo son tanto.
Ni siquiera aquellas personas que consideramos con las cualidades más elevadas y bondadosas son perfectas. No existe la perfección, y punto. Incluso la vara de lo que consideramos “perfecto” va cambiando con el tiempo. Entonces, ¿por qué pasártela persiguiendo algo que ni siquiera es posible?
Es mejor practicar la autoaceptación: aceptarte tal y como eres, sin juicios y sin compararte con los demás. Pero eso no significa que no puedas mejorar aquellos aspectos de ti misma que quieras trabajar.
Aprender a aceptar las cosas tal y como son, y mantener al mismo tiempo el compromiso de avanzar hacia lo que para ti es importante, no son ideas excluyentes.
Desde ACT pensamos la aceptación como la contracara de lo que llamamos evitación experiencial.
Como animales que somos, estamos biológica y evolutivamente condicionadas para sobrevivir: ese es nuestro primer objetivo, evitar cualquier fuente de amenaza o peligro. Hasta aquí, todo normal.
La cuestión es que socialmente evolucionamos mucho más rápido de lo que lo hizo nuestro cerebro, y las amenazas que antes eran externas hoy se transformaron en amenazas internas.
Por ejemplo, las creencias que tienes sobre ti misma o lo que te dices cada día que puedes lograr (y lo que no) son potencialmente amenazas: si lo que te dices te genera sensaciones desagradables, tu cerebro puede interpretarlas como riesgo, en menor o mayor grado, pero riesgo al fin.
Y ahí aparece la evitación experiencial: solemos tratar de evitar las experiencias internas que nos resultan desagradables. Nunca viene sola; siempre aparece con ciertos esfuerzos más o menos rígidos, más o menos inflexibles, para escapar de esa experiencia.
La aceptación, en cambio, implica reconocer y permitir la experiencia tal como es, sin juzgarla.
Implica tratarte con cariño a pesar de no ser perfecta, y no luchar ni huir de tus estados internos, por más que puedan doler.
Es sencillo, pero no por eso fácil. Sería como sacar adelante un proyecto: dedicas algo de tiempo cada día y cambias lo que no funcione. Puesto así, es sencillo. Pero sostenerlo mes tras mes, cuando al principio no ves resultados, no es fácil.
Aquí igual: la idea es sencilla, pero en la práctica se trata de dinamitar los muros del piloto automático que te llevan una y otra vez a los mismos resultados: autocriticarte, creerte menos, incapaz, insuficiente y, en consecuencia, darte por vencida. En una palabra: evitar.
Al poner el foco, por ejemplo, en lo mal que estás haciendo las cosas y enojarte contigo misma por ello, estás perdiendo contacto con emociones más blandas —la decepción, la desconfianza o la tristeza— que quizás también te genera la situación.
La evitación no sería un problema en sí misma si no fuera porque las cosas que evitamos suelen ser cosas que nos importan. Todo lo que realmente importa viene acompañado de experiencias dolorosas: si no importara, no sentiríamos miedo a perderlo ni frustración porque salga mal.
La fragilidad de la vida es una cara de la moneda; al otro lado están las cosas que te importan.
Para recapitular: aceptar significa permanecer en contacto con tus experiencias dolorosas sin tratar de cambiar nada. Y aun así, actuar de acuerdo con tus valores, con lo que te resulta importante.
Es un punto de vista muy activo y valiente al mismo tiempo, y no debe confundirse con la resignación pasiva, de la que hablo en aceptar lo inevitable.
¿Qué es y para qué sirve la autoaceptación?
Partiendo de la premisa liberadora de «no soy perfecta» es que podemos empezar a relajarnos. Cuando entendemos que todo es perfectamente imperfecto, todo comienza a verse distinto.
Eres la persona con la que estás vayas donde vayas, con la que más hablas y a la que más escuchas, 24 horas al día, 7 días a la semana. ¿No crees que es importante que empieces a aceptarte amorosamente? Sin juicios, sin valoraciones y sin compararte con los demás.
Esto no quiere decir que no trates de mejorar lo que creas mejorable, pero si dejas de vivirlo como una competencia contigo misma o con los otros, el proceso se vuelve mucho más liviano.
Quiero hablarte de dos conceptos que muchas veces se malinterpretan y que pueden generar un alto nivel de estrés y ansiedad: la autocrítica y la autoestima.
El peligro de la autocrítica
¿Tú también tienes esa vocecita en la cabeza que te dice constantemente que estás haciendo las cosas mal? Me animo a decir que todas la tenemos.
Tanto, que a lo mejor incluso crees que esa voz —que no es otra cosa que tu autoexigencia enmascarada— te hace mejor en tu trabajo y en tus relaciones. Quizás la ves como crítica “constructiva” y te pasas casi todo el día juzgándote:
- Cuestionas todas tus decisiones porque siempre podrían haber sido mejores.
- Criticas tu físico y te esfuerzas por cambiarlo.
- Piensas en situaciones en las que podrías haber sido más ocurrente, más divertida, más lo que sea.
- Valoras tu trabajo con dureza y perfeccionismo.
¡Qué agotador! A veces tú misma eres tu peor enemiga.
Autoestima y autoaceptación no son lo mismo
Son conceptos muy fáciles de confundir. Muchas personas piensan que tener una alta autoestima es siempre algo positivo, y en verdad puede ser una trampa que aumente mucho tu nivel de estrés.
La autoestima tiene que ver con lo que proyectamos hacia afuera y con la valoración que los otros hacen de eso. Entonces parece que siempre hay que estar del lado ganador: tener éxito en todos los terrenos, en lo laboral, lo familiar, la pareja.
Al final la vida se convierte en una competencia, a mi modo de ver, totalmente estéril. Como todas tratamos de no quedarnos atrás, la autoestima acaba siendo el resultado de esa carrera.
Cuanto mejor te salen las cosas en comparación con los demás —sin tener siquiera información suficiente de sus circunstancias— tu autoestima sube. Y si algo no sale como esperabas, cae. Suena a montaña rusa, ¿no?
El problema es que después tienes la sensación de que por más esfuerzo que hagas nunca vas a llegar, porque siempre hay alguien mejor, y vives como en un examen permanente. Todo se convierte en un reto a superar que, además, debe hacerse sonriendo y pensando en positivo. No vaya a ser que te encuentren dudando de ti misma.
Elevar la autoestima se presenta como un reto, pero es una carrera sin fin. ¿No es mejor poner tu energía en aprender a darte un poco de cariño?
Me refiero a tratarte con amabilidad, a ser comprensiva con lo que te gusta y con lo que no te gusta de ti misma, y a perdonarte por ser humana y, por tanto, imperfecta.
Si te reconoces en esa autoexigencia que no da tregua, quizá te sirva ponerle nombre: hay un test de 12 afirmaciones que te dice cuál de los cuatro perfiles de ansiedad es el tuyo, con una lectura personalizada y un ejercicio elegido para ti.
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La idea es que logres abrazarte con la no perfección y comprendas qué es lo que te gusta de ti misma y qué es lo que no.
Como no puedo amar algo que no conozco, el autoconocimiento es el camino hacia la autoaceptación.
En el acto valiente de conocerte se fortalece tu identidad, se refuerzan tus valores, entiendes mejor tus motivaciones y eliges mejores hábitos.
También aparecen tus imperfecciones y lo que no es tan “lindo” o “bueno”. Aparecen tus sombras y, solo integrándolas en tu personalidad como un todo, puedes alcanzar realmente la autoaceptación.
El autoconocimiento ayuda sobre todo cuando aparecen las críticas externas, porque conociéndote es más difícil perder el norte de lo que te parece importante por la influencia de los juicios de los otros.
Algunas pistas para trabajar tu autoconocimiento
- Rodéate de personas con quienes te sientas apoyada y que te ayuden a ver tus puntos ciegos desde el cariño.
- Presta atención a las sensaciones de tu cuerpo y al estado de tu mente en cada momento: traen mucha información. En general vamos tan atropelladas por la vida que nos perdemos sus señales. Practica el arte de escucharte.
- Encuentra tus motivaciones personales. Hazte las preguntas importantes para saber qué te mueve, y medita para encontrar tu norte dejando ir lo que no importa tanto.
El Mindfulness como método para cultivar la aceptación
Siempre digo: más vale un gramo de práctica que un kilo de teoría.
La meditación te ayuda a conectar con lo que te resulta importante y a soltar obstáculos internos que, por momentos, parecen invisibles.
Esto importa para que la vida fluya más naturalmente, porque meditar es como ir al gimnasio de la mente: la fortalece y le da recursos para gestionar el maremoto de emociones, sensaciones y pensamientos de cada día.
El Mindfulness se define literalmente como “la conciencia que emerge de prestar atención deliberadamente, en el momento presente y sin juicio, a las cosas tal cual son” (Kabat-Zinn).
Y en la medida en que practicas estar en el presente sin juzgarlo, observando con curiosidad lo que venga, más preparada estás para aceptar cualquier suceso que aparezca en tu vida.
Cuatro pasos para mejorar tu autoaceptación con Mindfulness
Exprésate
Date permiso para poner en palabras lo que piensas y lo que sientes. Ya sea pensando en voz alta con alguien o escribiendo en tu journal, expresar lo que te pasa aclara la mente, crea espacio y da lugar a un accionar más consciente.
Suelta tus juicios
Practica verte a ti misma, a los otros y a lo que pasa de una forma más neutra. No juzgar es imposible, porque es un mecanismo necesario para la supervivencia; pero sí podemos cuestionar esos juicios y soltarlos, entendiendo que no todo lo que surge en nuestra mente es válido y certero. A veces nos equivocamos.
Enfócate en el momento presente
Poner el foco en lo que está sucediendo es la mejor manera de soltar tus juicios y practicar la aceptación. Al final, es lo único que realmente tenemos: el pasado ya no existe y el futuro aún no es real. Cuando nos pasamos reviviendo el pasado o ansiando el futuro, se hace mucho más difícil aceptar lo que sucede ahora.
Deja fluir tus emociones
Las emociones son como olas que golpean la orilla con más o menos fuerza según el momento, las condiciones de la playa (tu mente) y su tamaño (la intensidad). Pero todas las olas vienen y se van. No te aferres a tus emociones, pero tampoco las rechaces. Cuando te sientas abrumada, imagina la emoción como una ola que llega a tu playa y lentamente se disuelve para regresar al mar.
Poner en práctica estas pautas te va a ayudar a sentirte mejor en el día a día, pero requiere práctica: nada bueno viene sin esfuerzo.
Y quiero resaltar una cosa: sentirte bien es lo natural.
Recuperar las sensaciones agradables desde el equilibrio y el desapego es un proceso que te conecta con tu manera natural de estar en el mundo.
Lo no natural es sentirte mal todo el tiempo… y a veces parece que lo olvidamos.
Te mando un abrazo muy Mindful.
Con amor,
Katu (con la colaboración de Juana Testa).
¿Y si dejaras de pelearte contigo?
Tu primera sesión ya es terapia real: entendemos qué sostiene esa autoexigencia y sales con un rumbo claro.
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Estos 5 días de Meditación Mindfulness que nos brinda la Lic. Katia Rosenbaum son buenísimos.
Te recomiendo que los hagas, porque son totalmente transformadores en positivo de nuestro estado anímico.
Abrazos de luz.
¡Gracias María Elvira! Qué lindo leer que el Reto te haya gustado, y te haya servido para encontrarte con tus emociones de una forma más amable y positiva. ¡Abrazo enorme!