Cómo aprender a frenar (aunque tu mente diga que no es para ti) | Katia Rosenbaum
Slow living

Cómo aprender a frenar y volver a tu centro

El objetivo no es sentirte feliz todo el tiempo. Es poder estar a gusto en tu propia piel, venga lo que venga.

4 min de lectura·Por Katia Rosenbaum·Actualizado en agosto de 2026·Psicóloga · MSc en Neuropsicología (UCL)

Existe una inclinación social, sobre todo en las grandes ciudades, que te empuja a vivir cada vez más acelerada: a consumir más y más rápido, a solo un clic.

Un auge de consumo que empuja a consumirlo todo: consumes objetos y alimentos, pero también te consumes a ti misma y a quienes más te importan. Es una forma de relacionarte con tu entorno y con todo lo que te rodea.

El movimiento slow propone lo contrario: enseñarte a frenar para que puedas disfrutar del momento presente, e impulsa un estilo de vida más consciente contigo misma, con el medio ambiente y con lo que te rodea.

¿Cómo impacta en tu vida vivir tan acelerada?

No estamos separadas de nuestro entorno. Y cuando no te das lugar para escucharte, es probable que con el tiempo te vayas alejando de tu propia voz y que la sensación de equilibrio interno se vaya apagando.

Si vives “fuera de ti misma”, en un estado de desconexión que hemos normalizado socialmente, es natural sentirte confundida, no saber qué camino tomar, abrumarte por el estrés y, sobre todo, experimentar niveles altos de angustia o ansiedad.

Quizás alguna vez, obligada por las circunstancias, te tocó frenar de golpe. Y quizás fue un regalo: poder darte un poco de quietud, permitirte escucharte y tomar consciencia de que algo en tu ritmo de vida no estaba funcionando. Que el trabajo, la familia, los amigos, el gimnasio y las obligaciones sociales no daban respiro.

El objetivo no es ser más feliz: es sentirte más en calma

Cuando hablamos de gestión emocional y Mindfulness hay algo importante que tener presente: el objetivo de la vida no es sentirte feliz o alegre la mayor parte del tiempo. Eso sería imposible.

Y muchas veces, por creer eso, caemos en la frustración o en bucles mentales de autocrítica y autoexigencia.

El objetivo es sentir calma, serenidad, estar en equilibrio o, como me gusta decir, la ecuanimidad.

Que venga lo que venga, puedas estar a gusto en tu propia piel: en los buenos y en los malos momentos.

Porque al final, tanto las experiencias agradables como las desagradables son parte de la totalidad de la experiencia humana, y te enriquecen.

Aunque luches contra las no placenteras y a veces tengas el ideal de que deberías sentirte bien todo el tiempo, eso es positividad tóxica.

Los pensamientos positivos y una actitud optimista sin duda pueden ayudarte a sentirte mejor. El problema aparece cuando se generan expectativas muy alejadas de la realidad, que se traducen en un nivel de autoexigencia inalcanzable.

Ese optimismo extremo que surge de la presión social realmente no es posible. Porque la vida está hecha de opuestos que se complementan, de totalidades, y no de medias caras.

Antes de seguir

Si llevas tiempo funcionando a un ritmo que no puedes sostener, quizá te sirva ponerle nombre: hay un test de 12 afirmaciones que te dice cuál de los cuatro perfiles de ansiedad es el tuyo, con una lectura personalizada y un ejercicio elegido para ti.

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Qué cambia con la ecuanimidad Los mismos acontecimientos generan oscilaciones muy amplias sin ecuanimidad, y oscilaciones mucho más contenidas alrededor de un centro cuando se entrena. SIN ECUANIMIDAD Cada acontecimiento te arrastra de un extremo al otro. CON ECUANIMIDAD Pasan las mismas cosas. Cambia cuánto te sacan de tu centro.
La ecuanimidad no elimina los altibajos de la vida: reduce cuánto te desplazan cada vez.

Es mejor frenar… y observar

Ahí comienza el cambio. Frenar puede brindarte un estado de serenidad que quizás nunca hayas experimentado.

Si estás de acuerdo conmigo en que el ritmo al que vivimos nos está dejando devastadas a nivel emocional, quizás alguna vez te hayas sentido la oveja negra —o multicolor— de tu familia por querer bajar el ritmo.

La socialización lenta se está instalando, lentamente —como su nombre indica—, en aquellas personas que siempre nos hemos sentido un poco rebeldes.

Y no es casual que estemos enfrentando los índices de ansiedad más altos de nuestra historia reciente. Hay un punto que quiero remarcar: en materia de salud mental somos las mujeres quienes nos vemos más afectadas. Y que sepas una cosa: no es nada biológico lo que nos condiciona, sino en gran parte la socialización de género a la que estamos expuestas.

Si quieres entender por qué en las mujeres profesionales esto toma la forma concreta de la ansiedad de alto funcionamiento, lo desarrollo en por qué la inteligencia no resuelve la ansiedad.

En conclusión

Hay mucho que puedes hacer para romper con los esquemas que te empujan a vivir cada día más acelerada.

Empezar a conectar con la idea de que se puede decir NO, y aprender estrategias para hacerlo sin sentirte culpable, es una de ellas.

Dedicar un ratito al día —aunque sea corto, pero todos los días— a hacer algo que te saque del piloto automático de las tareas rutinarias puede ayudarte muchísimo.

Si estás con un día ajetreado y corriendo de un lado a otro, eso puede significar sentarte unos minutos tranquila y disfrutar un té en silencio. Puede ser encontrar quince minutos para escribir en tu diario las sensaciones que estás teniendo. O hacerte espacio para una micromeditación.

Dedícate tiempo a ti.

Con amor,
Katu.

El primer paso

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Katia Rosenbaum, psicóloga clínica
Katia Rosenbaum
Psicóloga General Sanitaria · colegiada Nº 33475 (COPC) · MSc en Neuropsicología (UCL) · Conóceme
Tu mente merece el mismo cuidado que le das a tu carrera.

Katia Rosenbaum · Psicóloga clínica colegiada en España (Nº 33475) · MSc en Neuropsicología (UCL)
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